

Solo un espacio fue concebido para la reunión, el encuentro, el paseo y la diversión: la Plaza de Armas. Allí en una cuadricula de una manzana se concibió el espacio mas importante de las ciudades, muchas de las cuales su trazado y configuración es heredera la descendencia urbana de los españoles.
Es decir las nuevas ciudades levantadas a fines del siglo XIX, replicaron el principio español de la cuadricula, una ciudad extremadamente ordenada, en que las vías de relación eran lineales y con trazados, claramente definidos, independiente de las condiciones geográficas que las acogieran.
Ocurrió con Traiguén, Victoria y Angol en que se situaron cercanas a ríos y esta situación les otorgó cierto carácter, posteriormente gracias a la dinámica actividad comercial, el ferrocarril fue expandiendo aun más el trazado de las ciudades. Sus primeros moradores en muchos casos se convirtieron en urbanistas espontáneos al darle consistencia una vez que se extendió mucho más allá del fuerte militar.
Es el caso de Traiguén, en el centro de la plaza se ubica la glorieta hasta donde llegaba cada domingo la banda del regimiento Miraflores a encandilar con la interpretación de su música marcial.
En cambio en otras a generar una nueva plaza de armas como ocurrió en la ciudad de Victoria, donde se encuentra actualmente la Plaza de Armas. Este espacio ha marcado a generaciones, ha sido testigo de muchos de los acontecimientos importantes que han pasado frente a ella, de los carruajes a los primeros automóviles, de las calles aledañas de tablones, a los adoquines para en la actualidad terminar en el pavimento.
Muchos edificios se han levantado y demolido frente a ella, el antiguo cuartel Plaza, símbolo de la primera unidad militar y la iglesia la Matriz, ambas edificaciones en Angol. Por otro lado la diversión y la juvenil propuesta del cine – teatro fue renovando sus limites laterales, el cine Rex en Angol, el Teatro en Traiguén y Victoria, en esta ultima ciudad vio pasar dos ejemplos notables de arquitectura, un simple edificio en madera, con su acceso marcado en la esquina con una cúpula, dio paso a toda la austeridad de la arquitectura moderna, con sus bordes redondeados, ojos de buey y la expresión del hormigón armado.
En tanto el comercio también ha acompañado a la plaza de armas, sus grandes almacenes en que se encontraba de todo, desde grasa para las carretas hasta finos perfumes que eran el deleite de las damas pueblerinas. En la década de los treinta dio paso a las primeras radios, en los setenta con la llegada de los primeros televisores.
Sin duda, la antigua plaza estará siempre allí, viendo acogiendo a generaciones y generaciones de habitantes, desnudando a los árboles en otoño, escuchando finas de melodías en primavera y otorgando vida y alegría en las calidas tardes de verano.
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