jueves, 4 de noviembre de 2010

¿Angol podría llegar a despoblarse?

Señor Director y Editor:
Se trata de una de las ciudades mas antiguas del país, con más de 450 años, fue destruida seis veces por los mapuches a lo largo de su historia y fue fundada siete veces, pero ahora, una amenaza muy distinta en nuestro tiempo, podría poner en peligro la continuidad de nuestra ciudad y de sus alrededores.
En un comentario anterior, se habló de lo que pasaría si en un supuesto caso, el hombre desapareciera, algunos de los efectos múltiples en el tiempo, en nuestro entorno, desde el punto de vista de nuestra comuna y dichos alrededores.
En aquel comentario anterior, también se hizo mención de algunos sectores o lugares de la zona, que tuvieron su período de actividad productiva y que por causas múltiples, principalmente el paso del tiempo y la inviabilidad progresiva, terminaron por cesar sus actividades, incluso se hizo mención de una ciudad en Ucrania (Prypiat) que quedó abandonada por causa del accidente nuclear de la planta de Chernobyl, por más de 20 años, hasta ahora.
Lo que fue comentado ahí, es sólo en base a un experimento de la imaginación, pero existen amenazas hacia nuestro pueblo, que si son reales y que han estado muchas de ellas presentes en todo este tiempo.
La ciudad, al igual que muchas otras, ha crecido bastante en población, pero al mismo tiempo, presenta uno de los niveles más altos de cesantía en el país, porque las oportunidades laborales son pocas, esto está empujando a que los más jóvenes terminen por migrar hacia zonas con mas posibilidades, al mismo tiempo, mucha población tanto de origen rural, como urbano, tanto de forma directa como indirecta, se ha vuelto muy dependiente de las empresas agrícolas y forestales, especialmente de estas últimas.
Si bien la cesantía es un mal histórico de nuestra comuna, en estas ultimas décadas se ha acrecentado y aparte de eso, con las constantes crisis económicas, tanto de origen interno del país como externas, se ha acentuado la inestabilidad económica más , al mismo tiempo que las empresas se han hecho inestables en la continuidad de trabajos.
Aquí no tenemos los niveles de contaminación de aire de las grandes capitales, pero eso si, se están agregando crisis derivadas de la alteración de nuestro medioambiente, como el empobrecimiento de los suelos y campos, principalmente en zonas que no son de aptitud agrícola y ganadera, cuyos terrenos, los cuáles por mal manejo, los pequeños propietarios han ido con el tiempo, agotando sus recursos, sin reponer lo que se extrae, también sumado a los efectos del cambio climático, se ha producido déficit de lluvias, el que se ha incrementado año tras año.
Este empobrecimiento, sumado a otros problemas más de origen social, como la migración de los jóvenes e inevitablemente el envejecimiento de los dueños, está provocando que ellos vendan sus tierras para irse a vivir a las ciudades. Al ver que no pueden sacar más recursos de sus tierras, destruyen lo que queda aún aquellos terrenos con bosque nativo o natural manejable, para transformarlos en plantaciones de eucaliptos y pinos para subir su valor, además buscan vender lo más rápido posible esas tierras, por eso las venden a las empresas forestales las cuáles las compran a un precio muy bajo, menos de lo que realmente podrían valer pero que se compensa con la venta de las cosechas a los mismos compradores, terminando por trasformarse grandes extensiones de tierra.
Al cosechar a tala rasa, de forma industrial, se destruye la vegetación natural remanente y expone al suelo a una intensa erosión. Durante la reforestación (termino muchas veces mal interpretado cuando se sustituyen bosques nativos por especies exóticas) durante el crecimiento de las plantas se aplican fertilizantes, para asegurar su vigor y prendimiento, también se emplean herbicidas para eliminar toda forma de vegetación que compita o interfiera con la plantación, manteniéndose así un suelo pobre, sin posibilidad de que se reconstruya por si solo, además con las cosechas, una parte de los nutrientes del suelo se van con la madera extraída, además los árboles en crecimiento alteran los cursos hídricos, ya que extraen una cantidad significativa de agua y sus excedentes son eliminados por las hojas (evapotranspiración).
No se han hecho o publicado estudios en nuestro país, que determinen cuantas rotaciones (período entre plantación y cosecha o corta) podrán aguantar estas tierras. Sus resultados posibles se traducirían en suelos altamente erosionados, los fertilizantes y otros químicos pasarían a ser como un alivio a un dolor de rodilla crónico, pero no la cura de fondo de esta, agravando el real daño en el tiempo, estos suelos se volverían pobres en nutrientes orgánicos y minerales . Para mantener el vigor de las próximas plantaciones, se requeriría invertir mucho más en químicos e insumos varios, acentuar crecimientos para mantener los niveles productivos, sumado a otros tipos de medidas, haciendo que los costos de mantención sean cada vez mayores.
Esta situación por fuerza, podría obligar a las propias empresas e industrias a migrar a otras áreas o zonas de mayor fertilidad para sus plantaciones o hacia otros países, dejando a muchas personas locales sin trabajo y estas a su vez migrarían a otros lugares, ya que el sector forestal es uno de los más importantes del país, en cuanto a generación de trabajos y a su vez, dejarían atrás tierras más pobres que las de un desierto, porque en estas últimas, su única limitante es el agua, pero sus nutrientes están prácticamente intactos a diferencia de los suelos agotados por sobreuso.
El cierre de empresas es algo que ha pasado antes en otras zonas, como ocurrió con las salitreras en el norte, por causa de la sustitución por el salitre sintético, descubierto en Alemania, así como con algunas madereras como la que explotó el alerce en la localidad de Contao, en el sur, donde el agotamiento del recurso fue la causa de su cierre y la industria ballenera, por progresiva escasez del recurso, posterior prohibición de caza y sustitución de muchos de sus recursos por otros de origen sintético, entre varios ejemplos en Chile y otras partes del mundo. Como se dijo, Angol se está expandiendo de forma progresiva y continua, esa constante necesidad, puede llevar a ocupar suelos que históricamente han sido usados para la agricultura, disminuyendo cada vez más las plantaciones hortícolas y frutícolas que dan trabajo a trabajadores de temporada de la zona. Pero existe otro problema más grave que podría poner en picada bruscamente el crecimiento demográfico.
El progresivo déficit de lluvias en la zona, junto con el deterioro de nuestra naturaleza, así como de nuestras montañas, están causando que peligre el caudal del Río Picoiquén, el cuál nace de la cordillera de Nahuelbuta y abastece de agua a la ciudad casi completa, este es el hecho que está causando mayor preocupación en la ciudadanía, ya que si el río se secara o tan solo se convirtiera en un hilo de agua o un pequeño estero en un verano, podría provocar una migración en masa de la gente a otros lugares.
Entonces, para salvar a la ciudad, habría que recurrir a la extracción de agua de otros ríos de inferior calidad, más sucios o barrosos y que también muchos presentan problemas de déficit en verano. El río Malleco, el Rehue, el Vergara, que presentan problemas de bajo flujo en verano y el río Huequén con un poco más de caudal y todos con problemas de contaminación porque pasan por otros pueblos antes o zonas con mucho arrastre de sedimentos, si hubiese necesidad de extraer agua, se requeriría una mayor cantidad de Cloro, para bajar riesgos en la salud humana con igual riesgo de déficit en verano.
La otra opción será traer el agua desde muy lejos a través de tubos o extraer de manera subterránea, encareciendo las inversiones significativamente, traduciéndose en un mayor costo de consumo hacia los usuarios.
Tal vez sea poco probable que Angol desaparezca por completo, pero con todo esto, más el mal trato colectivo a la tierra que nos sustenta, podríamos perder incluso, nuestro título de capital de la Provincia de Malleco y todas las posibilidades de desarrollo que nos quedan, además, el último terremoto que ocurrió en febrero del año 2010, nos dejó más vulnerables que nunca.
Si en el sistema en que vivimos, se practicara el autosustento, diera un espacio importante a nuestro entorno natural y valoráramos mejor a este, además de hacerse un mayor esfuerzo conjunto por contribuir a su reconstrucción, tal vez se podría revertir parte importante de esta situación y quizás se podría salir de este callejón sin salida y a nivel de sistema realmente, es posible.
Enzo Escobar Balocchi
Técnico universitario forestal
Dibujante paisajista

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